¿Por qué puede funcionar el Método SHEC?
Neurociencia, estimulación bilateral e integración cerebral
Durante años, distintos enfoques terapéuticos han intentado comprender cómo el cerebro procesa las experiencias traumáticas y por qué determinados recuerdos quedan “bloqueados”, activando emociones, sensaciones físicas y reacciones automáticas incluso mucho tiempo después de haber ocurrido los hechos.
Una de las cosas que más me hizo cuestionarme cómo entendíamos el sufrimiento emocional fue ver que muchas personas comprendían perfectamente lo que les había ocurrido… y aun así seguían sintiéndose atrapadas.
Entendían su historia. Sabían de dónde venía el miedo. Incluso podían explicar muy bien lo que les pasaba. Pero el cuerpo seguía reaccionando. La ansiedad seguía apareciendo. El dolor emocional seguía activándose.
Con los años entendí algo importante: comprender no siempre significa haber procesado.
Hoy sabemos desde la neurociencia del trauma que muchas experiencias dolorosas no quedan integradas únicamente a través de la comprensión racional o la palabra. Cuando el sistema nervioso vive una situación de amenaza intensa, determinadas redes emocionales y subcorticales pueden permanecer activadas, dificultando la regulación emocional, la sensación de seguridad y la integración de la experiencia.
Por eso muchas personas dicen:
“Sé que ya pasó… pero mi cuerpo sigue reaccionando igual.”
El problema no es falta de inteligencia, ni de voluntad. Muchas veces el sistema nervioso sigue funcionando como si el peligro continuara presente.
Autores como Bessel van der Kolk, Daniel Siegel, Peter Levine o Francine Shapiro han señalado la importancia de favorecer procesos de integración entre cerebro emocional, cuerpo y áreas corticales superiores para que el trauma pueda resolverse de forma adaptativa.
Dentro de este contexto surge el interés científico por la estimulación bilateral.
